La era de la información y el conocimiento nos exige un
doble desafío. En primer lugar, la mayoría de los trabajos —y cada vez más—
implican rendir cuentas, entender y procesar información. En segundo lugar, la
mayoría de las actividades relacionadas con las comunicaciones y la información
se han trasladado a Internet, en donde la confiabilidad de la información se
vuelve incierta.
Para hacer frente a estos desafíos, se hace necesario
enseñar el pensamiento crítico, lo que implica realizar juicios documentados,
discriminar la calidad de la información, exponer correcta y ordenadamente y
pensar de manera autónoma. El pensamiento crítico es un ejercicio del intelecto
que permite realizar juicios y tomar decisiones luego del análisis, evaluación
y contraste de argumentos, afirmaciones, puntos de vista y evidencias.
En el quehacer educativo, esto implica consideraciones
como presentar la mayor cantidad posible de puntos de vista alternativos,
encargar la recolección de fuentes de información diversas para su
interpretación, la búsqueda de conexiones entre las piezas de material reunidas
y la elaboración de conclusiones a partir de los mejores análisis. La síntesis
previa de cada fuente es un ejercicio que puede ayudar a asimilar mejor la información
y los puntos de vista. Podemos llevar algunos de estos pasos al plano del
debate, de modo que la resolución sea colaborativa.
El pensamiento crítico no es lo mismo que un debate
desinformado, la opinión, la preferencia o el juicio exante. Junto con la
creatividad, el pensamiento crítico es una habilidad que nos ayuda a tomar
decisiones y resolver los problemas complejos conocidos y aquéllos con los que
todavía no nos familiarizamos y que deberán resolver el en futuro nuestros
alumnos.
El pensamiento crítico está relacionado también con la
producción del conocimiento humano y con el progreso. Al valernos de procesos
como el análisis, la evaluación, la contextualización y la distinción crítica,
podemos modificar los contenidos, entenderlos correctamente, apropiarlos,
internalizarlos y tomar puntos de vista, cualquiera sea la asignatura y el
nivel que se impartan.
Algunas de las herramientas de las que se vale el
pensador crítico y que tenemos que fomentar en las actividades y evaluaciones
son la inducción, la deducción y el pensamiento sistémico. Éste último se
entiende como el modo en que las partes de un todo interactúan para producir un
resultado general: la evolución de las culturas, del lenguaje, los fenómenos
naturales, el cambio climático, las crisis, la economía, los sistemas
matemáticos, la mecánica, la electrónica, la informática, etcétera.
El pensamiento crítico es una de las habilidades con las
que el mundo se ha desarrollado durante los últimos siglos. Hoy vivimos en un
ritmo de cambio mucho mayor y necesitamos más pensadores críticos con autonomía
de pensamiento. Esto pasa por la creación de hábitos que nuestros estudiantes
no pueden desarrollar por sí mismos, como la lectura de diarios y libros, el
uso del razonamiento y sus herramientas y la discusión de puntos de vista con
otras personas, todos ejercicios que pueden ser estimulados a diario por el
profesor y el apoderado.
Algunos lineamientos que se pueden tomar en consideración
al momento de reenfocar las clases hacia el desarrollo del pensamiento crítico:
- Exponer menos y dar más espacio al pensamiento de los
estudiantes.
- Enseñar a leer, analizar y procesar la información en
lugar de hacerlo por ellos.
- Presentar temas complejos con sus conceptos y posibles
problemas a resolver.
- Razonar en voz alta frente de los alumnos del modo en
que queremos que ellos lo hagan.
- Preguntar frecuentemente por las dimensiones de su
pensamiento: su propósito, evidencia, razones, datos, afirmaciones, creencias,
interpretaciones, deducciones, conclusiones, implicancias y consecuencias de su
pensamiento.
-Fortalecer la atención en los puntos de vista de los
demás estudiantes ofreciendo la palabra a quienes no levantan la mano y
pidiendo a los demás sintetizar lo que dijo.
- Usar ejemplos concretos con situaciones que resulten
familiares para los estudiantes para ilustrar problemas y conceptos complejos.
- Favorecer las actividades en grupos pequeños con tareas
y tiempos específicos y pedir rendición de cuentas sobre qué hicieron, qué
problemas surgieron y cómo los resolvieron.
- Solicitar regularmente la escritura de trabajos y
ensayos, entre los cuales pueda sortearse una muestra a ser revisada por el
profesor.
- Explicar los propósitos, la metodología y las formas de
evaluación de la asignatura antes de comenzar las clases.
¿QUÉ ES PENSAMIENTO CRÍTICO?
El pensamiento crítico es un proceso cognitivo de
carácter racional, reflexivo y analítico, orientado al cuestionamiento
sistemático de la realidad y el mundo como medio de acceso a la verdad.
Como tal, el pensamiento crítico es un proceso
intelectual y reflexivo, que opera mediante el detenido examen, evaluación y
análisis de un tema, asunto o materia para, luego de considerar y contrastar el
resultado de sus observaciones, aplicar, bajo criterios lógicos, una serie de
razonamientos y llegar a una conclusión válida, a una postura objetiva, es
decir: razonable.
En este sentido, el pensamiento crítico es
fundamentalmente racional, no fortuito ni casual, y dispone de la razón como
principal herramienta efectiva para su propósito: identificar aquello que es
éticamente justo, correcto y verdadero.
Para ello, además, requiere de otras herramientas
esenciales, como lo son el conocimiento, la información, la observación y la
experiencia. Todo esto, articulado de manera inteligente, es fundamental para
desarrollar un buen pensamiento crítico, con claridad de pensamiento, foco en
aquello que es relevante, y capacidad de realizar o formular las preguntas
pertinentes.
El pensamiento crítico dota al individuo de una serie de
habilidades que se expresan mediante la capacidad para reflexionar y razonar de
manera eficiente, hacer juicios de valor; analizar, sintetizar y evaluar
información; y tomar decisiones y resolver problemas en situaciones críticas o
extremas. En este sentido, también está enfocado en la acción, en la capacidad
de evaluar y decidir qué hacer en un momento determinado.
No obstante, uno de los rasgos más positivos del
pensamiento crítico es su carácter cuestionador de lo establecido. En este
sentido, se erige como la herramienta indispensable de la evolución del
pensamiento humano, del avance tecnológico y del progreso social. La duda
construye en la medida que destruye estructuras inútiles, innecesarias u
obsoletas y erige sobre sus bases nuevas respuestas a las nuevas preguntas.
Como ejemplos, habría que señalar que el pensamiento
crítico produjo la revolución francesa, es prácticamente la piedra basal del
pensamiento científico y filosófico moderno, devora ideologías injustas y las
reformula o reemplaza por otras más justas, y es la locomotora que tira el tren
del progreso social y tecnológico de la humanidad. En definitiva, el
pensamiento crítico mira hacia el futuro y propone nuevas formas de abordar la
realidad.
EL PENSAMIENTO
CRÍTICO COMO COMPETENCIA EDUCATIVA
Podemos definir el pensamiento crítico como un proceso
cognitivo que se propone analizar o evaluar las opiniones o afirmaciones que en
la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas, y un procedimiento práctico
para llegar a una posición intelectual razonable y justificada sobre un tema.
Busca ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, y aunque se
asocia a la precisión, evidencia y análisis lógico, intenta entender las
situaciones y los argumentos en su contexto. Las habilidades cognitivas del
pensamiento crítico son la interpretación, el análisis, la evaluación, las
inferencias, la explicación y la metacognición.
En educación, importantes pedagogos como John Dewey
proclamaron hace años la importancia de construir fuertes habilidades de
pensamiento y razonamiento en los alumnos, no solo para su propio beneficio,
sino para el de toda la comunidad y la sociedad en su conjunto.
En la sociedad del conocimiento que vivimos, o a la que
aspiramos, asistimos a un fuerte debate sobre las nuevas metodologías de
enseñanza y aprendizaje, y las nuevas competencias que deberían desarrollar los
jóvenes en su periodo formativo y a lo largo de toda la vida, tanto en la
educación formal como en el aprendizaje informal que está favoreciendo las TIC.
El pensamiento crítico es una de las competencias transversales que aparecen en
todas las aportaciones sobre este tema.
EL PENSAMIENTO
CRÍTICO EN EDUCACIÓN
Desde hace poco más de dos décadas, filósofos y pedagogos
vienen enfatizando sobre la necesidad y la importancia de enseñar a los
estudiantes de cualquier nivel a pensar de manera crítica, pues sólo así podrán
dar respuestas más asertivas a los problemas reales del mundo moderno.
De todas las definiciones que pueden encontrarse, quizá
la más completa sea la de Peter A. Facione y sus colaboradores, la cual dice:
“Entendemos por pensamiento crítico, un pensamiento
propositivo, capaz de autorregularse al emitir juicios, lo que implica
desarrollar habilidades de interpretación, análisis, evaluación e inferencia…
El pensador crítico ideal es una persona habitualmente inquisitiva; bien
informada, que confía en la razón; de mente abierta; flexible; justa cuando se
trata de evaluar; honesta cuando confronta sus intereses personales; prudente
al emitir juicios; dispuesta a reconsiderar y si es necesario a retractarse;
clara respecto a los problemas o las situaciones que requieren la emisión de un
juicio; ordenada cuando se enfrenta a situaciones complejas; diligente en la
búsqueda de información relevante; razonable en la selección de criterios;
enfocada en preguntar, indagar, investigar; persistente en la búsqueda de
resultados tan precisos como las circunstancias y el problema o la situación lo
permitan”.
El postulado es bastante amplio y logra responder de manera
clara y detallada a la pregunta sobre qué es el pensamiento crítico. Si –al
decir de Habermas- rumiamos esta definición, no resultaría arriesgado afirmar
que a partir de ella podría elaborarse toda una teoría pedagógica y construir
un nuevo currículo escolar que promueva una sólida preparación, formación y
educación de los hombres y las mujeres que el día de mañana tendrán la
impostergable misión de transformar la sociedad, aportando soluciones asertivas
a los problemas más apremiantes del mundo moderno. Obviamente esta formación
básica de los educandos no puede limitarse al desarrollo del pensamiento
crítico como único objetivo, sino que éste debe reforzar los demás aspectos
fundamentales de la educación como son el aprender a aprender, aprender a hacer,
aprender a convivir y aprender a ser.
Ahora surge otro interrogante: ¿y cómo desarrollar el
pensamiento crítico en el aula? Seguramente es posible encontrar una buena
variedad de metodologías y estrategias que den respuesta a esta pregunta
crucial, pero también es cierto que aún queda mucho por hacer a este respecto.
Como no existe y no debe existir una única manera de desarrollarlo, es
necesario primero centrarse en algunos puntos básicos que nos ayuden a generar
nuestra propia estrategia. Estos puntos son: por una parte los factores que
favorecen el pensamiento crítico y por otra las habilidades que lo
caracterizan. Con base en estos dos aspectos podemos entonces elaborar diversas
estrategias e incluso una metodología que propicie el hábito de pensar con
criterio por parte de nuestros estudiantes.
De acuerdo con Russel Facio, son cinco los factores
determinantes que fortalecen la actitud hacia un pensamiento crítico (Leader,
2000):
1) Experiencia directa: es decir tener ocasiones que
permitan una experiencia directa y consiente del uso del pensamiento crítico;
2) Experiencia sensorial: se refiere a involucrar el uso
de algunos o de todos los sentidos para detectar situaciones en las cuales sea
necesario dar una solución a algún problema del mundo real.
3) Reacciones emocionales: aprender a detectar las
propias reacciones emocionales hacia esas situaciones, lo cual significa que no
es necesario inhibirse ante las emociones y que tener un pensamiento crítico no
implica necesariamente ser una persona fría y calculadora.
4) Capacidad para elegir libremente: implica tener un
comportamiento y una actitud tales que permitan siempre elegir en plena
libertad –sin dejarse influir por presiones externas- la solución que se
considere más apropiada, de acuerdo con los propios criterios.
5) Poner la actitud en práctica: lo que significa
involucrase con regularidad en actividades que permitan poner en práctica las
disposiciones del pensamiento crítico, teniendo siempre presente que mientras
más se usen, más se fortalecen.
Por otra parte, como ya lo mencionamos anteriormente,
están las habilidades del pensamiento crítico que de acuerdo con la definición
dada por Facione serían: interpretación, análisis, evaluación, e inferencia.
Sin embargo, no son las únicas. Es muy importante aclarar en este punto que no
hay un consenso definido entre los teóricos en lo referente a sus habilidades o
características esenciales. Incluso para muchos el pensamiento crítico es en sí
una habilidad con características particulares. Para todos es claro, eso sí,
que estas habilidades son todas de orden superior, pero cada autor ofrece sus
propias características que se superponen y se complementan unas a otras.
Para algunos autores las habilidades del pensamiento
crítico corresponden a las de nivel superior de la taxonomía de Bloom. El
informe Delphi, por ejemplo, hace una revisión de seis habilidades: las cuatro
que aparecen en la definición de Facione (que provienen de la taxonomía de
Bloom) más las habilidades de explicación y auto-regulación. Lipman, autor del
modelo pedagógico “Filosofía para Niños”, habla de cuatro criterios o
características fundamentales del pensamiento crítico: 1) uso de criterios
particulares, 2) formulación de juicios, 3) auto-corrección y 4) sensibilidad
al contexto (Daniel, Lafortoune, Pallascio, Splitter, Slade & de la Garza,
2005). Robert Ennis (1962), por otra parte, expone una lista de 12 aspectos
esenciales del pensamiento crítico relacionados con la correcta valoración de
las afirmaciones o enunciados sean propios o ajenos. Una tarea por hacer en
este campo podría ser la de elaborar una lista detallada de las habilidades o
características del pensamiento crítico que puedan estar más directamente
relacionadas con el aprendizaje de las matemáticas. La única habilidad o
característica que aparece, en la mayoría de los estudios, como un componente
fundamental del pensamiento crítico es la de la metacognición (pensar o
reflexionar sobre el propio pensamiento).
Desde el punto de vista de la praxis educativa, es
primordial que el docente tenga en sí mismo la actitud y la disposición para
promover en su clase el desarrollo del pensamiento crítico o de alguna de sus
habilidades. Perkins y Tishman, afirman que no basta con tener cierta
disposición a pensar críticamente, es necesario también desarrollar una
sensibilidad particular para detectar las diversas ocasiones en las cuales el
individuo puede usar sus habilidades de pensamiento crítico y en cuanto más las
use, más se agudizan y se fortalecen (Leader, 2000). Una estrategia básica
–aparentemente simple- pero imprescindible que favorece el desarrollo de este
tipo de pensamiento es la forma como el profesor o profesora se comunican con
los estudiantes y el tipo de preguntas que formulan bien sea para aclarar
conceptos o para facilitar el aprendizaje de un nuevo tema o para encontrar la
solución a un problema específico sea del área que sea.
PRINCIPALES
CARACTERÍSTICAS DEL PENSAMIENTO CRÍTICO
Pensamiento.- El concepto principal del pensamiento
crítico es encontrar la vedad y cuestionar los sucesos para obtener una
respuesta satisfactoria, esto no es sólo por contrariar o ser opuesto, sino por
obtener una auténtica respuesta obtenida por propia razón.
Destacable.- Hay que evitar la influencia de los efectos
y sentimientos como dogmas y otro tipo de influencias como impresiones
exteriores al proceso de razonamiento realizado por el individuo.
Proceso del pensamiento crítico.- Existe una serie pasos
que hay que tomar en consideración para obtener un criterio claro, sirve para
acomodar las ideas y evitar los sofismas y falacias que pueden llevar a
errores.
INTEGRANTES:
- GLORIA BEATRIZ LOPEZ
GARCIA
- HYLSE EDUARDO EPITACIO
- MARICELA JUAREZ
CRISOSTOMO
- MARIANA PERE ENRIQUEZ